lunes, 6 de mayo de 2013

Entrevista: Naranjo


¿Quién es? Rogelio Naranjo (1937- ) es un caricaturista mexicano que comienza a trabajar profesionalmente en los 50s, consolidando su estilo y su trabajo de caricatura editorial para volverse uno de los caricaturistas más importantes del mundo en los 70s. Durante el movimiento estudiantil del ´68, Naranjo milito en el partido comunista en sus inicios y además presto sus servicios de ilustración a diversos periódicos sindicales, así como al movimiento estudiantil. Miembro fundador de la revista de caricatura política La Garrapata, también ha publicado en medios como el suplemento de la revista Siempre!: La Cultura en México, en los periódicos El Gráfico, El Excélsior (en su mejor momento) y en El Universal. Actualmente también colabora para la revista Proceso. Considerado por algunos como el mejor caricaturista de México, ha sido premiado con el premio nacional de periodismo en 1977, “La Catrina” en 2008 por su trayectoria, y también como ganador del World Press Cartoon de 2009.

Previsto de una mirada aguda y un trazo envidiable, Naranjo retrata a la realidad con un sinfín de pequeñas rayitas, en composiciones que reivindican la caricatura política no solo como un gran oficio periodístico, sino como toda una arte.

Entrevistada realizada el  17 de febrero, 2013

*Se agradece a el Centro Cultural Universitario Tlatelolco  de la UNAM por su apoyo a la caricatura y también por amablemente prestar la mayoría de las imagenes de este post.
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Yo nunca consideraba que tenía un estilo. De repente estaba ya el estilo, pero después de mucho tiempo. Armar la muestra implicaba volver al pasado, donde yo empecé a dibujar, yo veía horrible mis dibujos. Es más, a la curadora le dije, ¡no pongas esos dibujos! Pero ella decía que era justamente una propuesta de la exposición para lo cual era importante que me conociesen desde el principio. Sobre todo los jóvenes dibujantes quieren saber cómo empecé yo. Ahí aparecen cosas donde yo ni siquiera tenía un estilo, no era reconocible por un tipo de dibujo como tenían los otros caricaturistas. Abarcaba mucho, porque hacia dibujos de historieta, siempre tocando temas muy candentes de la política, y señalando—delatando casi—a los políticos corruptos. Solo se fue haciendo una forma de dibujar, que no es precisamente “los monitos”.

H: En términos generales, ¿para ti que es la caricatura?

Primero, la caricatura es un oficio que a mí siempre me llamo la atención. Me pareció muy agradable escoger un oficio en que te vas contra todo lo que te parece que no es correcto y que además te paguen por eso. Fue una de las razones por las que escogí la caricatura. Nunca pensé que iba a ser caricaturista cuando empecé, porque estaba estudiando artes plásticas. Pero, me fue jalando la caricatura más y más y me olvide de las artes plásticas. Dije, no, esto no sirve para nada. Una caricatura la ven diario, si publicaba en un periódico, miles y miles de personas con las que yo me estoy comunicando. Además me pagan por eso! ¡Puedo vivir de eso! Me pareció muy bonito dedicarme a la caricatura.

En el ´68, todavía de repente quería hacer la una y la otra cosa. Pero, para el ´70 ya me dije, para que, me estoy haciendo tonto. La caricatura llega mucho más a la gente. Si lo que yo quiero es comunicarme, esto funciona mucho mejor.

H: En la exposición pude leer con bastante agrado Las Crónicas de Nanico Tatatilco, donde además del dibujo me llamo la atención la forma de hablar de los personajes…

Yo siempre tuve una pésima ortografía. Entonces, tenía terror a escribir algo y que me descubrieran, que era yo un ignorante en la ortografía. Nada más lo use en ese tiempo. Mi ortografía se fue mejorando con el uso de textos, posteriormente, ¡creo que hasta aprendí a redactar! Era necesario para muchas cosas. 

H: Me llama la atención particularmente ese trabajo por su cercanía a las fechas de Tlatelolco. Salió días después del 2 de octubre…

La Garrapata, con tapa de Helio Flores, 1965. 
En toda la ciudad había una tensión, un miedo, un terror… A Rius se lo cargaron cuando hicimos esa revista, La Garrapata, donde salía Nanico Tatatilco, ¡entonces le sacaron un sustote! Le hicieron lo que aquí llaman un simulacro de fusilamiento. Quedo espantado por mucho tiempo después. Le dijeron que se dedicara a otra cosa, que si no lo iban a matar, no solamente a él, sino a toda su familia. Le mostraron fotos  de su hija, su esposa y todo, los lugares que frecuentaban…

Lo pusimos a votación entre los que trabajábamos en la revista y ganamos los que queríamos seguir; además, pensábamos, “lo único que nos puede dar cierta seguridad, es que ellos tengan más miedo que nosotros”. ¡Entonces, vamos a denunciar! ¡A ponernos más bravos todavía! Y seguimos así…

Ahora, las revistas humorísticas cuando aparecen, vienen con todo una carga de humor interesante. Pero, con el tiempo, y con relativamente poco tiempo empieza a repetirse, a cansarse, para mí ya era de repente, a los 6-8meses, yo ya sentía eso como un peso agobiante, de estar entregando y entregando… Ya comenzaba incluso a perder el humor. 

H: ¿Será que hay algún valor en eso de desarrollar una mirada crítica, una perspectiva crecida desde afuera, llegando a la capital? Sé que Helio Flores es de Veracruz, pero, ¿todos ustedes eran de provincia?

Creo que AB era Veracruzano también...

Lo de Rius es muy chistoso, porque él tiene formación de cura. Él estuvo en el seminario y estuvo a punto de convertirse en cura. De repente—yo creo que lo pensó dos veces—y ya se dedicó a la caricatura, pero haciendo dibujos para una revista del Partido de Acción Nacional (PAN). El partido de la reacción, de la gente más conservadora. Ahí dibujaba el. De repente se fue politizando y politizando, y también duro mucho tiempo trabajando para el partido comunista, igual que yo.

Ya con las revistas que el hizo de los Agachados, Los Supermachos, se convertido en un gran caricaturista. No por el dibujo, sino un gran historietista, digamos humorístico.

H: Es cierto que en México  lleva mucho mayor reconocimiento la caricatura como forma de opinión…

¡Sí!

H: Siento que ahora se ha perdido un poco esa costumbre de reunirse para intercambiar ideas, para comentar trabajos. Ahí tu tenías un loco en frente dibujando el Hombre de Negro, al lado otro loco dibujando furiosamente sobre los cubanos con su humor, y además la ventaja de compartir publicaciones… ¿Dónde se reunía este equipo legendario?

En casa de Rius al principio. Finalmente, nosotros no éramos historietistas. Yo me improvise ahí como historietista, sin mucho éxito. AB era más del tipo de Rius, pero no era tan politizado. Pero muy simpático sus personajes y todo. Helio Flores era de una formación bastante más elitista. El estudio en Nueva York en una escuela de diseño, y mandaba sus dibujos aquí a un periódico grande que creo ahora ya desapareció… Rius se lo empezó a jalar para que colaborara en dónde Rius trabajaba, que generalmente le daban suplementos de alguna revista, para que hiciera humor. Me acuerdo de una, que le llamaba El Mitote Ilustrado, de la revista Sucesos. Yo también trabaje ahí. Rius era el más experimentado de todos, y además estaba asociado con un editor que ya había pasado por la cárcel, por sus ideas políticas, y no era fácil asustarlo a él. Ya conocía mucho. ¡Y se volvió rico! Haciendo las revistas de Rius y haciendo La Garrapata. Después el ya no quiso mayores problemas... yo me retire antes de que los demás lo hicieran, y después se empezaron a reunir con un escritor que los aglutinaba todos: un árabe que vivía aquí en México, Antonio Karam, y empezaron a hacer lo que sería la 2ª versión de La Garrapata, que también duro como un año, año y medio. Todavía hubo una 3ª época de la revista, donde también estuvo Helio Flores, y también se incorporaron unos más jovencitos, como Sergio Arau y varios más.

 Yo a eso ya no entre, ya trabajaba por otro lado y en otros lugares. Incluso al poco tiempo de salir de la revista me llamaron del periódico El Universal— que es un periódico de tiraje nacional—y desde entonces estoy ahí en ese periódico, con algunas salidas esporádicas, donde voy a trabajar a otro lado. A mí ya me intereso más el cartón político. He estado en todos los buenos periódicos: en El Universal, en una época muy buena del Excélsior, en la que se convirtió en un periódico muy combativo…

El director, Julio Scherer, que es una gente que tenía mucho prestigio, fue el que me llevo a trabajar ahí. Junto con Abel Quezada, el caricaturista, quien me recomendó. Propuso que entre los dos cubriésemos el espacio semanal del periódico. Abel que tenía mucha experiencia y mucho tiempo, siendo bastante más viejo, le dijo a Julio Scherer, “debes traerte a Rogelio, yo estoy muy cansado de hacer el dibujo a diario, y ya me cuesta mucho trabajo. Nos podemos repartir. El necesita foguearse un poco en el periodismo. Si te lo traes acá, todo mundo va a ganar: yo descanso un poco y me reparto con Naranjo, y entre los dos llenamos el espacio del  editorial gráfico”. Y, Julio Scherer, como era muy listo, aceptó.

H: Te quería preguntar justo de Monsiváis, como un amigo, como un referente, y también porque tu ilustraste muchos de sus libros. Creo que es muy difícil hacer una buena caricatura de un autor, a diferencia de un político que se comporta bien o mal y lo retratas de una forma o otra. Pero, si haces un autor como Arguedas, o al mismo Monsiváis… conviviendo con el en la revista Siempre!, ¿cómo fue compartir esa época?

Portada de Naranjo para el suplemento
La Cultura en México, de 1973.
¡Monsiváis era desde luego la confianza crítica del país! Muy confiable porque el, todo lo que de alguna manera estaba mal hecho o puede ser mal hecho, ¡él lo denunciaba! Como escritor, claro. Nos hicimos amigos, porque él estaba al pendiente de todo lo que hacía. Siempre me  llamaba y elogiaba mis dibujos. Cuando Echeverría  se lanzó para la presidencia, empezó a buscar entre los intelectuales a ver a cuales se iba a “jalar” para que le ayudaran en su campaña. Monsiváis lo vio eso como un peligro. O cooperas o después te atienes a las consecuencias. En ese momento le ofrecieron en una universidad de Inglaterra que se fuera como un profesor de literatura latinoamericana. Ni lo pensó, luego luego se fue. 

Cuando ya Echeverría era presidente, y se calmó un poco la calentura de la gente, el regreso y le ofrecieron el suplemento cultural de la revista Siempre!, que se llamó La Cultura en México. Me dijo que era el primero al que había llamado, para que colaborara yo con él. Me fui dando cuenta del tipo de dibujo que necesitaba y él quería, y trabaje 13 o 14 años con él, sin fallarle. Algunos dibujos muy complejos, algunos de escritores que de repente yo ni conocía. Arguedas, sí. Le entregue de muchos latinoamericanos importantes! Desde luego los mexicanos también. Él me decía que su intención era, así como David Levine hacia retratos de los escritores británicos o norteamericanos, con mucho éxito por cierto (se usaban en las portadas de los libros), quería que yo hiciese algo parecido, pero de los escritores latinoamericanos. ¡La cosa estaba en no caer en la copia de Levine! Por ahí me acuso Cuevas, el pintor, ¡que yo copiaba a Levine! ¡Nada más lo copio en el sentido de hacer una cabezota muy grande, con un cuerpo muy chiquito! ¡Eso se usa desde Daumier, desde mucho antes! ¡Casi desde las primeras caricaturas en el mundo! Hacer un retrato de un personaje y ponerle como un apéndice el cuerpo. Eso se empleó en todas partes del mundo. ¡No sé si alguien podría cobrar los derechos de autor de eso!


H: Justo algunos de tus dibujos más viejos, algo me recuerdan de otros dibujantes, como Abel Quezada o de Oski. Vi uno titulado “Typical Mexican Artist” del Gallo Ilustrado, que me hizo pensar. También había un humor gráfico muy blanco en esas épocas, quizás no tan politizado…

¡Era muy difícil entrar a una publicación y soltar toda la dinamita de una sola vez! Era una cosa de ir midiendo, que cosas se publicaban, que no les espantaba, y por ahí ir siguiendo. Desde luego, uno no inventa todas las cosas de una sola vez. La influencia que recibí de Rius, (aunque no en el dibujo), también me ayudó mucho. Aquí en México, supongo que en otros países es igual, algún caricaturista tiene éxito con algunas cosas, otros caricaturistas se fijan, y a su manera hacen  cosas que ya son exitosas. Abel Quezada invento El Tapado aquí en México. Todo mundo empezaba a usar El Tapado. Luego, hablaban de La Cargada de los políticos, que cuando se destapaba un político importante, luego luego se movían los demás políticos a conocerlo, y a ofrecerle sus servicios: a todo eso se le comenzó a poner nombre. Las cosas vienen desde mucho antes, con Posada. Posada con sus calaveras también lleno varias épocas de magníficos dibujos y muy buenas ideas. Todos nos hemos beneficiado de eso. No copiando en si el estilo de Posada, pero son formas que además nos dan una identidad como mexicanos. Para la política en México es muy importante lo que hemos hecho los caricaturistas. Se distingue en muchos lugares por el tipo de tema, por el dibujo… ¡las calaveras son toda una institución en México!

H: Son como arquetipos que funcionan en el humor. Tu usas a veces el Goliat y el David, con el calaverita o el indígena contra el gigante, que es muy impactante..

Eso la gente lo entiende muy bien en México, porque la polarización social y económica es muy grande. De hecho se está dando ya esa diferencia del fuerte, del económicamente poderoso y el que no tiene nada.

H: También pones en evidencia la tensión entre el campo y la ciudad…

Algo que me llama muchísimo la atención es la capacidad de invisibilizar que tiene nuestra sociedad. Pero, en los periódicos los caricaturistas traen atención a cuestiones, visibilizandolas. Como por ejemplo, con tu cartón “México creo en ti”…

Son imágenes que en si son como carteles de denuncia. Ese cuando lo hice, me acuerdo que era la idea hacer un cartel de denuncia. Había un cartel, que fue muy conocido, una especie de trabajador, una gente pobre, pero con unas cadenas en la boca, apretando la carne. Era de un grabador de arte, Adolfo Mesiac, ¡y fue una imagen que dio la vuelta al mundo! Era muy muy buena. La idea y el dibujo eran magníficos. No sé, también viajando yo me he dado cuenta, que en los países latinoamericanos manejan mucho ese tipo de cosas, pero en México es más claro ver las diferencias económicas, y ver estas reflejadas en los dibujos. En los dibujos hay una forma de hacerlo tan claro. De que se está viviendo en un país con una distancia enorme entre los ricos y los pobres. 
H: yo trato de entender él lo que sería la construcción de un contra discurso al poder. Por ejemplo, la dictadura brasileña tenía una frase, un lema “Brasil: Ame o deixe o”. O lo amas al Brasil o te vas. México que no tuvo dictadura,  pero uno aún no sabe si nos fue mejor o nos fue peor. Había un cierto optimismo en esa época, México se estaba imponiendo en el mundo, éramos los “líderes de América Latina”… pero siempre con la paradoja de quienes se enriquecen y quiénes no. Hay esas campañas del gobierno, propagandísticas, siempre optimistas, y por otro lado los caricaturistas…

…denunciando, diciendo que siempre es mentira. ¡Sí! Además, los que logramos saltar ciertas barreras, ¡ya hacemos lo que queremos! Hay muchos caricaturistas que nunca se atrevieron a decir las cosas, y entonces siguen haciendo chistecitos innocuos y sin ningún sentido, ¡y les pagan una miseria además! Yo tuve suerte. Después de La Garrapata, y un tiempo en que trabaje para el periódico del Partido Comunista (PC), después me pase para otro periódico de izquierda, el periódico del Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT), y ya empecé a notar que, de vez en cuando, me hacían alguna censura… pero ya casi no había censura para mí.

Eso me preguntan mucho los jóvenes de ahora, que quieren ser caricaturistas. ¿Cómo le hice para que se me publicaran determinadas cosas? Acostumbrando a las gentes que uno no va a conceder nada, me publican o no me publican. Yo siempre tenía tantos lugares donde publicar, que me pedían que me mandaran cosas, que cuando había un lugar donde me rechazaban algo, inmediatamente lo pasaba a otro lugar, y ahí me lo publicaban. ¡Siempre se publicaba todo!

H: También a veces la censura se da de formas menos directas, como presionando el medio donde trabajas… Como me contaba Rius, que en la época de La Garrapata, les amenazaban a la imprenta…

Tenían muchos “recursos” para hacernos cambiar, o amedrentarnos. En la secretaria de Gobernación controlaban todo lo que era la prensa, la buena y la mala. Todo lo controlaban. Cuando nosotros salimos con La Garrapata, en Gobernación daban una licitud para ciertas revistas o publicaciones. Podían negarlo, arguyendo que era “inmoral”, por tener desnudos o cosas así. Pero, el otro control que ellos tenían era la compañía papelera, que entregaba las dosis de papel que cada revista necesitaba. Cuando había un problema de que gobernación no quería que saliera determinada publicación, le cortaban rápido el papel. A nosotros por suerte, teníamos una persona que nos conseguía el papel en lo que llaman el mercado negro. Si el gobierno no aceptaba, se compraba el papel en otro lugar, más caro, ¡pero se conseguía!

H: Hablando más de aquellos movimientos de izquierda, me llamo mucho la atención que apoyaste el sindicato de las costureras.- Yo he buscado un poco esa tradición de los caricaturitas aliados a los sindicatos y las causas. En Brasil, Laerte y Henfil trabajaron para el sindicato de los metalúrgicos, del ABC. En Chile, Herví trabajaba para el gobierno de Allende, pero antes ya trabajaba para sindicatos mineros y demás. Y, hay unos dibujantes muy buenos que han tenido esa relación. Me sorprendió mucho ver en la exposición una muñeca, del ´85 o el ´86, sobre el terremoto, y no sé qué relación tuviste con ese sindicato de las costureras, o si has tenido otra relación con otros sindicatos también.

Pues hay sindicatos que son combativos... Yo siempre he trabajado con las publicaciones que tienen los sindicatos que son combativos. Empecé con un sindicato de electricistas, dirigido por un líder muy honesto, que se llamaba Rafael Galván. Ahí les empecé a hacer un dibujo para una revista semanal. Después, cuando se vino el problema del ´68, yo fui a buscar a la universidad, a cualquiera de los líderes que me pudiera recibir, para decirles que estaba a disposición de ellos, que yo quería dibujar para ellos. Lo que necesitarían, que me lo pidieran, o yo iba a ofrecer cosas de lo que se me ocurría para que lo utilizaran, gratuito. No estaba poniéndole precio a mi trabajo. Me acuerdo de un dirigente mediano, Romeo Gonzales, que estaba dirigiendo a los estudiantes de Ciencias Políticas. No te podemos pagar, me dijo. ¡Yo no vine a pedir dinero tampoco! ¡Soy un alborotador de conciencias, me gusta estar en estas cosas y lo hago gratis! 

Entonces, empecé a participar. Incluso, llevábamos yo y otras personas que simpatizábamos con el movimiento, nos llevábamos una cantidad de impresos: desde pegotes hasta carteles, que los podían usar. Era lo que ellos hablaban en sus mítines. Mi paga era excesiva cuando veía yo en las marchas, en Paseo de la Reforma, que iba un tropel de gente, y ¡todos con dibujos míos! Yo me paraba en las banquetas, o por donde pudiera ver… Después, en las revistas de política, salían las fotografías de multitudes llevando dibujos míos. ¡Eso a mí me daba un gusto!

H:Tu viajaste por América Latina, conociste a Ziraldo y a varios otros caricaturistas, hiciste un cartel de Pinochet que vi en Venezuela, con el canijo disparándole a las flores… ¿Cómo fueron tus viajes por América Latina?

Hice varios viajes, visitando diferentes países. Uno de los primeros fue Uruguay. Con los uruguayos que estaban exiliados en México, lleve un contacto muy estrecho. Fui cuando tuvieron que regresar, para participar en el plebiscito. ¡Son muy organizados! Vendieron todo lo que tenían, y a algunos hasta les alcanzo para comprar departamentos cuando llegaron, con la intención de quedarse allá. Obviamente, era una cosa tan bien organizada que ganaron el plebiscito.

De Uruguay me pase también a Argentina: quería conocer yo a Hermenegildo Sábat. Es una gente al cual le tengo mucha admiración como dibujante. Me parece esplendida su capacidad de dibujo. No es muy politizado su trabajo, aunque también en algún tiempo estaba contra las dictaduras. Ante todo lo que era militares le protestaba mucho.

Despues regrese, y luego fui tambien a Brasil. Conoci inicialmente nomas a Rio de Janeiro ¡y Iguazu! ¡Es una experiencia que hay que vivirla! ¡Esa cantidad de agua y esas cataratas!

Adónde voy, y sé que hay un artista que a mí me gusta mucho, a veces con pena y todo, voy y les pido un tiempecito, simplemente para platicar un rato y saber que lo conocí. 

Cuando conocí a Ziraldo, yo lo conocí en Cuba. Después en Brasil, ya sabiendo quien era Ziraldo y todo, fue Chico Caruso, de O Globo, que me dijo, “déjame hablarle a Ziraldo para que venga, para que platiques un rato con él”. Iba con mi esposa, y entonces, Ziraldo nos invitó a comer. Yo no iba a despreciar la invitación. Fuimos a un restaurancito y se puso a platicar y platicar y platicar. Es un personaje también típico brasileño, que habla y habla y hablar. Yo soy más bien reservado, callado… pero me gusta escuchar.

H: Esa imagen tuya tan conocida de ¡Me vale madres! ¿Cómo la explicarias para alguién de fuera?

Es a lo que tú no prestas ninguna atención, eso ¡Me vale madres! Algo en lo que no voy a perder mi tiempo. El mexicano, en general, es importamadrista. Calificar a alguien así es alguien con el que no puedes llegar a fondo en nada, no le sirve nada. Es un escéptico que no le interesa nada.

Esa imagen la hice para una exposición muy grande que se hizo en la universidad, que se llamaba El Mexicano y la Muerte. Sacaron cosas… algunas verdaderas joyas, dibujos del siglo XVII, XIX, donde el tema se refería mucho a la muerte. Sacaron cosas de Posada, y cosas ingeniosísimas de cómo combinar hechos con calaveras. Cuando se iba a hacer esa exposición, a mí me dijeron que iba ser nomas “El Mexicano y la Muerte”, y que si quería participar. Hice el dibujo, ese de ¡Me vale madres! Todo mexicano que ve ese dibujo lo entiende perfectamente, incluso los que ya viven en Estados Unidos. La forma de decirlo es una cosa despectiva, a mí eso no me interesa, ¡me vale! Fue tan exitoso eso, que lo primero que aparecieron fueron placas para coches, hechas en metal e impresas con colores firmes que decía ¡Me vale madres! Toda la gente buscaba donde las vendían, porque querían en su coche traer esas. De repente era una fiebre de ¡Me vale madres! en toda la ciudad. Después paso a las camisetas, y de las camisetas pasó a un montón de objetos: bolsas, brazaletes para las cosas calientes, mandiles, ¡y todo! ¡Todo robado!

Después de mucho tiempo, se me acerco un tipo despistado, que me pregunto cuanto le cobraría yo para que pudiera explotar eso. Le dije, pensando para adentro, “a ver si no se me escapa este”, ¿qué te parece $10,000 pesos? Muy bien! Me dio los 10mil, y empezó a sacar. Luego fue a buscarme a ver si no tenía otras cosas de ese tipo para usarlas. Se crio una especie de pequeña industria, muy popular, porque había lugares donde hacían impresos con ese sistema de serigrafía, entonces empezaron a hacer unas en serigrafía muy bien hechas. En el norte, en Ensenada, de repente había ya una fábrica de puras cosas de ¡Me vale madres! Yo en un momento vi que había en tantos lugares que se vendía eso, que decía, a ver si saco yo beneficio de esto por derechos de autor. Monsiváis me dijo, “¡ni sueñes! ¡Todo esto se volvió del acervo popular! Nadie te va pagar nada, porque ¡esto ya es de la gente, ya no te pertenece!” 

H: ¿Alguna vez tuviste un bloqueo, o alguna dificultad para sacar algún dibujo?

En varias ocasiones se dio, pero uno que si me trastorno mucho fue cuando me mandaron a hacer para la portada del suplemento cultural de Siempre! Que les hiciese un dibujo de Salvador Allende. Yo ya lo había hecho muchas veces, para asuntos políticos, desde luego relacionado con la dictadura en Chile, o las otras dictaduras que había en Argentina o Brasil. En esa ocasión, no sé porque, no me lo explico, no me salía el dibujo! Lo había yo dibujado a Salvador Allende, varias veces, muy parecido, sin ningún problema. Para la portada, empecé a dibujar y dibujar, ¡y no salía y no salía! (Risas). El que diseñaba ese suplemento era Vicente Rojo, un diseñador muy bueno, un pintor. Me decía: “No te angusties Rogelio, tomate más tiempo si necesitas, todavía tenemos un poquito de tiempo. Te vas a poner más nervioso y más nervioso y no va salir. Descansa hoy y mañana te pones a dibujar, a ver si sale”. ¡No salía y no salía! ¡Me parecía penoso! Yo decía “¡ni siquiera se parece!” Y así pasaron tres días. Ya cuando faltaba muy poquito, dije bueno, voy a escoger de los que ya he hecho, y saldrá el que se pueda.  Lo tuve que llevar directo a la imprenta, porque ya me estaban esperando. ¡Y así salió! (Pero de verdad que me daba vergüenza ese dibujo).

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No se pierdan la muestra
“Vivir En la Raya: El arte de Rogelio Naranjo”,
actualmente en Centro Cultural Universitario Tlatelolco.

La muestra Vivir en la Raya, armada en forma de caracol, es la mayor exposición jamás realizada de la obra del maestro Rogelio Naranjo. Muestra desde sus inicios, donde aún se le notaba en su dibujo el referente de Abel Quezada, pasando por La Garrapata, donde realizaba unas historietas bastante politizadas, además de su poco conocido trabajo de humor erótico, realizado a finales de los 60s, con un uso excepcional de acuarela.


"Yo regale a la Universidad 10,600 dibujos, que era todo lo que tenía. Ahora se sigue juntando. Ya tenemos un acuerdo, todo lo que se continúe acumulando, se los voy a dar. No quería que se quedaran por ahí en el periódico, luego los robaban, o los vendían, ¡bueno! Aguante eso durante muchos años, hasta que decidí que ya estoy viejo, no tengo donde guardar tantos dibujos, y bueno, se los voy a dar a la universidad. Hable con el rector y me contesto que tenía una muy buena disposición para tenerlos. La única condición era que promovieran el trabajo, para que lo conozcan los estudiantes.

El día de la inauguración en Tlatelolco (yo nunca me imaginé que pudiesen haber tantas gentes) había como unas 2mil personas, y tenían que controlar eso, porque andaban el rector y otras personalidades por ahí. De los que iban saliendo, dejaban entrar un mismo número. Pero va a durar bastante tiempo, así que espero que puedan visitar todos los que querían a la exposición ahora que este más calmado."


Curaduría: Angélica Abelleyra y Aurea Ruiz

Museografía: Juan Manuel Garibay y Fernando Castro


Horario al público: martes a domingo, de 10 a 18 horas

Costo: $30, 50% a estudiantes, trabajadores de la UNAM, INAPAM, ISSSTE, IMSS. Domingo entrada libre

Clausura: 28 de julio de 2013.



Juan Navarrete, con el maestro Rogelio Naranjo.

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