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lunes, 8 de julio de 2019

FUNAMBULISMO DEL CARICATURISTA: Encuentro con Sancho

Entrevista por Nelson Chávez Herrera


Dos nombres consolidan en el siglo anterior la caricatura como humorismo gráfico en Venezuela: Leoncio Martínez “Leo” y Carlos Galindo “Sancho”. Con la debida consideración de Alfa, Medo, Pardo, Yepes, Muñoz, Zapata, Régulo, Casabito, Agra, quienes falten y colmen este valioso inventario, Leo y Sancho cada uno en su estilo, son pioneros, fundadores de escuela. Leo creó y dirigió uno de nuestros primeros semanarios humorísticos: Fantoches. Sancho arranca en el “El Morrocoy Azul”. Pasa a ser el caricaturista oficial del periódico Ultimas Noticias donde hace celebre su página los Cartones de Sancho, publicada sin interrupciones durante veinticinco años. Pero es su afán por remplazar las caricaturas importadas con producción nacional la virtud que le atraerá el seudónimo, favor del poeta Andrés Eloy Blanco1. Sancho funda la primera revista de historietas del país, de treinta y dos páginas a color, en huecograbado: El Gallo Pelón (1954). Seguida de Cascabel (1955), Martín Garabato (1956), Dinamita (1961), Lengua Larga (1962), y la célebre La Patota Política (1960-1970). Hasta crear la Escuela Latinoamericana de Dibujo, hoy Estudios Sancho.

La caricatura de Leo enfrentó al más feroz de nuestros gobiernos dictatoriales del siglo XX: el del general  Juan Vicente Gómez. Más uno “de transición”: el del general, Eleazar López Contreras. Sancho enfrentó a la segunda dictadura más represiva del siglo: la del general, Marcos Pérez Jiménez. Un gobierno “de transición”: el del almirante Wolfgang Larrazábal. Mas la pléyade integra de la cuarta república, mal llamados gobiernos “democráticos”, quizá más dictatoriales a los dos anteriores juntos. Léase: Rómulo Betancourt, Raúl Leoni, y como Sancho los denomina, “Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis”: Rafael Caldera, Jaime Lusinchi, Luis Herrera Campins y Carlos Andrés Pérez.

La palabra enfrentar, no obstante, resulta exagerada: sin demeritar su trabajo critico, Sancho confiesa que durante el régimen del dictador Marcos Pérez Jiménez no se podían hacer chistes sobre el Gobierno, ni críticas directas a la figura del Presidente, ni a su gestión gubernamental. Tampoco Leo, según él, puede mostrar una caricatura similar contra el “benemérito” dictador Juan Vicente Gómez, por las mismas razones de supervivencia. A esta abrumadora experiencia de realismo político Sancho puede añadir haber visto nacer y crecer el Movimiento Quinta República comandado por Hugo Rafael Chávez Frías hasta convertirse en Gobierno. Libros como “De Pérez Jiménez a Hugo Chávez, 50 años de Caricaturas”, “La Patota Política o las Mafias de la Cuarta República”, “Todo tiempo pasado fue Peor” y su libro de memorias titulado “Parece que fue Ayer”, demuestran su recorrido testigo, protagonista, historiador del país desde la caricatura, el humor, el absurdo. Sancho es leyenda viva del humorismo gráfico en Venezuela y Nuestra América. Su trabajo, la lista de reconocimientos es de viñeta, le ha hecho merecedor de tres premios nacionales de periodismo, el premio internacional Mergenthaler, seis premios municipales, seis condecoraciones de Orden al Merito entre ellas La Orden Cecilio Acosta y Francisco de Miranda.
Frente a la dimensión de un artista de su talla me animé a preguntar por los principios humanos del caricaturista, limitaciones, potencialidades. ¿Cuál ha sido el papel de la caricatura en el pensamiento y la historia del país, su función social, política, pedagógica? ¿Qué hace a un caricaturista soso, agudo, predecible, superficial, profundo, visionario? Compartimos con los lectores de historietologo este sucinto diálogo con el celebre caricaturista venezolano Carlos Galindo “Sancho”, como la mayoría de las conversaciones, ya saben, nunca definitiva...
1. LA ANÉCDOTA DEL SEUDÓNIMO CONTADA POR EL PROPIO SANCHO: “El poeta Andrés Eloy Blanco era asiduo visitante de “El Morrocoy Azul”, y en una de esas oportunidades sostuvo una cordial conversación con el “catire” Carlos Irazábal, el director del semanario entonces. Recuerdo la conversación hasta en sus más mínimos detalles, pues ambos se referían a mí: – Este carricito (el carricito era yo) es un “quijotito” – decía el catire – se la pasa todo el tiempo con una carpetica de manila debajo del brazo, donde tiene sus dibujos. ¡Y qué reclutando “colaboradores” para una revista semanal que piensa hacer!… ¡Figúrate, una revista de 32 páginas, nada menos. Él ni imagina cuánto cuesta eso! Y no le faltaba razón al catire para pensar así. Hacer una revista humorística así en nuestro país (como las que venían de la Argentina, “Patoruzu”, “Rico Tipo” o “Avivato”) era impensable. En nuestro país en esa época sólo podían hacerse periodiquitos de 8 o 12 páginas a lo sumo, como el célebre “El Morrocoy Azul” ¡Pero hacer 32 páginas en huecograbado y en colores ni pensarlo! Yo creía que podía realizar ese sueño entonces… ¡Pero sí lo realicé, aunque 6 años más tarde cuando cree “El Gallo Pelón”! Andrés Eloy le replicó – Entonces será un Sancho. El catire pareció no estar conforme con la respuesta del poeta y le repreguntó. – ¿Por qué dices eso Andrés Eloy? El poeta concretó: --El verdadero protagonista de “El Quijote” es Sancho. Don Quijote es un viejo loco que anda enfrentando molinos de viento a los que confunde con gigantes. En cambio Sancho es el hombre práctico que lo secunda pero no es un iluso como el viejo. El sabe lo que está buscando: una gobernación de la Ínsula Barataria. Yo no había leído “El Quijote” entonces, pero me impactó la apreciación del poeta y a la semana siguiente comencé a firmar “Sancho”, que tenía similitud con mi apellido de entonces. Y desde esa época lo vengo usando,”. (Carlos Galindo, Parece que fue ayer, Caracas (2009), Editorial Caren, C.A, pág.,33, 34.)
N– Para mí era muy importante entrevistarte, Sancho, agradezco me concedieras este privilegio. Eres arte y parte de la Memoria Nacional
S– Yo creo que yo soy un sobreviviente de esa Memoria. Noventa años.
N– ¿Sancho, qué función cumple el humor en la caricatura?
S– Todo, claro.  Eso puedo decírtelo 50 años después.
N– ¿Y el absurdo?
S– La caricatura toda es un absurdo.
N– Vamos a conversar un poco sobre la historia de nuestra caricatura, Sancho. Leoncio Martínez es  uno de los pioneros del humorismo gráfico en Venezuela con la revista Fantoches. Esta circula durante el gobierno de Juan Vicente Gómez entre los años de 1923 y 1932. Sale de circulación y regresa tras la muerte del dictador para un segundo periodo corto de 1936 hasta 1940-41, en el gobierno de Eleazar López Contreras. ¿Tuviste alguna relación con Leo, lo conociste, lo admirabas?
S– Lo admiraba, pero no lo conocí. Cuando yo llegué a Caracas ya él tenía un año de muerto. Pero... yo aprendí con él.
N– De qué manera?
S– Uno empezaba copiando a los maestros. Copiándolos sin profundizar mucho. Adquirías el dominio del muñeco, que era el comunicador. El muñeco era el gran comunicador de masas, y entonces, ese fue mi conocimiento que obtuve con Leo, en realidad. Pero no lo conocí.

N– Tú llegaste a Caracas proveniente de Barcelona, estado Anzoátegui, según tus recuerdos, un día de 1943. Con tu mamá adoptiva y tus hermanos, llegaron a la casa número 55-A, ubicada entre las esquinas de Muerto a Gobernador, en la Parroquia Santa Rosalía.

S– Así es.
N– Dicen que había un restaurante español en esa esquina que preparaba una paella de las mejores que se han servido en Caracas.
S– El Pachano. ¿¡Pero tú conoces!?
N– Un poco. Amo Caracas. Soy su cronista aficionado ¿Leo ya había muerto para entonces Sancho?
S– Si...
N– ¿Qué te gustaba de la caricatura de Leo? ¿Qué admirabas de su trabajo?
S– Bueno, lo que se podía admirar en aquella época, que era: la espontaneidad. Las caricaturas de Leo eran muy buenas en el aspecto, digamos, de tipología. En el aspecto, digamos, de la naturaleza de esa época.
N– ¿Era Leo un agudo lector de nuestra realidad nacional?
S– Si. Pero no te podías meter en política. Todo eso que cuentan de que Leo cuando Juan Vicente Gómez es mentira, yo lo demostré en una conferencia. Estuvimos buscando en toda la colección de Leo, y es que, era imposible…
N– ¿Qué era imposible?
S– Era imposible criticar a Gómez personalmente…¡Y menos por la prensa…!
N– ¿Según tú, no existe en todo “Fantoches” un dibujo de Leo que critique directamente a Juan Vicente Gómez o a su Gobierno?
S– Si no lo crees, te reto a que lo busques en las hemerotecas…
N– En la caricatura de Leo aparece ilustrado el conflicto político y social que generaba la explotación petrolera hecha por las empresas estadounidenses en nuestro país. Leo hace una contraposición crítica a esta realidad desde dos personajes: “Juan Bimba” y Míster Danger. Como personajes: ¿qué opinión te merecen?
S– El creador de Juan Bimba no fue Leo sino Andrés Eloy Blanco, quien creó a Juan Bimba, no como la tipología del venezolano de la época, sino como un hombre del pueblo: analfabeta y pata en el suelo. Después nosotros, los caricaturistas posteriores, nos encargamos de darle una personalidad y vincularlo a la ideología del nacionalismo, pero esa no era la idea de Andrés Eloy. Míster Danger era el gringo. Pero el gringo no tenía la connotación que tiene actualmente, al modo de Trump o Bolsonaro, era otra cosa. Pero no te olvides que en ese tiempo yo era un muchacho de trece años… Yo entro en el periodismo porque no había otro, y yo era el más moderno, el que más podía trascender. Claro, yo entiendo tu punto de vista, pero es el punto de vista de un hombre del siglo XXI.
N– Haciéndote preguntas sobre tus recuerdos de hace setenta años.
S– A una persona que ya cumplió noventa.
N– Es verdad, Sancho, pero no puedo ser indulgente contigo porque posteriormente en tu celebre caricatura “La Patota Política”,  vas a recrear ese mismo conflicto, incluyendo a todos los políticos, empresarios e intelectuales del país, con la presencia de personajes  inspirados en los personajes de Leo: Mister Oil (El magnate petrolero) y Juan Bimbita (el hombre del pueblo). Más otros emergentes como “El hijo Adeco” y “Petróleo Crudo” (el obrero petrolero). ¿Qué personaje es El hijo Adeco, qué características lo definen?
  S–  El hijo del adeco es el oportunista que no sabe todavía lo que es… Igual que ahora.
N– ¿Cuál era en tu criterio el mejor caricaturista nacional cuando te inicias como caricaturista a finales de los años cuarenta, principios de los años cincuenta en el Morrocoy Azul y Ultimas Noticias?
S–  Pardo era el mejor, indudablemente.Pero también sufría las limitaciones impuestas por un espacio con un pequeño monologo final muy breve. Entonces no se podía opinar mucho políticamente.
N– Era un problema de censura pero también de formato?
S–  Si,

— A Pardo lo despiden de Ultimas Noticias y lo suple Ricardo, quien muere prematuramente. Tú llegas por Ricardo. Tu primera caricatura para este periódico se publica el 18 de abril de 1951 bajo el título de “La Caricatura de Hoy”, pero al día siguiente, casualmente un 19 de abril, día de la firma del Acta de Independencia Nacional, aparece con la firma que llevará durante veinticinco años: “Cartones de Sancho”. S– Nunca me inscribí en ningún partido. En el aspecto político yo sigo siendo un estudioso. En cualquier época siempre hay cosas que yo no entiendo. Por lo menos yo, ahorita, no estoy seguro de la realidad venezolana. No estoy seguro porque mira, antes tenías muy poca información, y ahorita tienes demasiada. Pero siempre hay algo más que no sabemos. Nos lo ocultan o lo que sea, pero no lo sabemos. Venezuela es un pedacito de un todo muy grande, hermano. Yo soy un profesional de la caricatura, pero de la caricatura nada más. A lo mejor García Márquez es un genio en una actividad, en la escritura, pero lo sacas de ahí y a lo mejor, en otra actividad no.

S– Así es…
N– Inicias labores en este periódico de circulación nacional en plena dictadura perezjimenista. Sin embargo, en 1953, recibes de manos del propio dictador presidente, Marcos Pérez Jiménez, el premio nacional de periodismo otorgado por primera vez en nuestro país a un caricaturista.
| S– Así fue.
N–¿Qué cuidado especial tenías para hacer caricatura política en pleno perezjimenismo sin caer preso o condenarte a muerte? ¿Por qué un gobierno cómo este te concedió un premio nacional? ¿Cómo era tu caricatura?
S– Mira, hay algo que no me estas preguntando, pero puedes preguntármelo, porque es un tema filosófico. Yo creo en el predestino de las personas, y cada día estoy más convencido de eso, de que uno es un predestinado. Uno de los ejemplos más patéticos sería mi cercanía con Walt Disney. Tú dices bueno, pero, ¿cómo es posible, que un carricito que vivía allá en Barcelona, que ni sabía quién era su papa, que no tenía ni medio, ni siquiera para llegar a Caracas, llegó a conocer a Walt Disney, a ser huésped suyo en un curso de dibujos animados recibido en Estudios Disney, a pesar de todas las diferencias que existían?
N– Predestino suena interesante. Te reitero la pregunta, Sancho: ¿qué cuidado especial debías tener para hacer caricatura en el perezjimenismo sin caer preso?
S–  Por qué te digo yo que somos predestinados. Porque hay algunos que veían la política, el aspecto político, y se iban de frente, como es el caso de Rius, en México. Mis caricaturas siempre tuvieron un marcado tinte social. Por eso pude hacerlas durante la dictadura sin que el gobierno se sintiera demasiado aludido.
N– ¿Era esa tu astucia?
S– Yo no tenía conciencia de eso. Pero esa es la caricatura que persevera y queda en el tiempo.
N– ¿En los años cincuenta el cuidado para permanecer fuera de la cárcel o no morir era no irse de frente contra la política?
N– Así es
S – Pero en “La Patota Política” en los años sesenta y setenta, en la llamada “democracia” entre comillas, vas de frente contra la política. Cómo explicas…
S– ¿Esa posición?
N– Sí. En los años cincuenta tú cuidado era no irte de frente contra la política pero en los sesenta y setenta vas de frente siendo un caricaturista más maduro. ¿Qué cambió? ¿Qué cuidado había que tener entonces como caricaturista para, no tener problemas con los personajes de La Patota Política, sufrir la censura del gobierno o del dueño del medio en que se trabajaba? ¿Qué era distinto en esos años al punto de quebrantar un precepto ,que en tus palabras sobre el buen caricaturista y la buena caricatura, resuena como un principio?
S– (Risas) Primera vez en mi vida que estoy ante un filosofo...Entrevistado por un filósofo. Los demás, chico, eran caricaturistas, periodistas, etcétera, porque esa pregunta que tú me haces es sumamente interesante. Vamos a ver si yo recuerdo, empezando por allí. Vamos a hablar con sinceridad, vamos a ver si yo lo recuerdo, porque yo puedo recordarlo desde un punto de vista, pero no desde el otro. Todas las caricaturas que yo hacía en esa época de Pérez Jiménez eran políticas también, pero fíjate tú, hay algo que yo todavía no me lo explico, y era el poder que yo tenía como caricaturista, pero yo no lo sabía. Yo no lo sabía. Y por qué te digo esto: bueno, porque a mí me llamaba Rómulo Betancourt y me abrazaba, y me abrazaba Pérez Jiménez, y me abrazaba Wolfgang Larrazábal, y todo el que quería de los grandes. ¡Me buscaban! Pero yo no caía en sus redes, sin saber por qué. O sea, no era que yo decía yo estoy con este, no estoy con estos, ¡no! No existía ese criterio aplicado, porque era eso.
N– ¿Cómo entendías la caricatura en esos tiempos, Sancho?
S– Yo entendía la caricatura como la ilustración, era ilustrador. Nosotros, los caricaturistas de la época ilustrábamos la escena, pero no profundizábamos.
N– ¿Militaste o te inscribiste en algún partido político, Sancho? Te lo pregunto porque me llama la atención la pretensión de imparcialidad pulsante en tu trabajo, hablo especialmente de “La Patota Política”.

N– Un caricaturista parcializado o doctrinario: ¿es un mal caricaturista?
  S– Sí.
N– ¿Por qué?
S– Bueno, porque no eres espontáneo. Porque, como te voy a decir: no eres sincero. No puedes ser sincero. Vamos a ver como lo enfocamos… Yo no te voy a decir que en muchos casos ser caricaturista de izquierda o de derecha sea un asunto de oportunismo; no es oportunismo. Tú estás en un bando o estás en otro, muchas veces, porque naciste del lado de ese bando, o porque caíste ahí. El problema para el caricaturista es estar  al servicio de una ideología que no sabe si es real, o no es real. La caricatura, los caricaturistas, entre paréntesis, somos los únicos artistas que andamos en la cuerda floja, entre la política y la realidad.
N– Tú vienes de un origen sumamente humilde. Te hiciste solo según se desprende de tus memorias. Sin padres intelectuales, sin familia ligada a universidades ni afecta a lecturas complejas y teóricas de la realidad política o socio histórica, ni formadas en el sindicalismo obrero, ni militantes de partido. Te pregunto, Sancho: ¿cómo te diste cuenta de las ideas y el modelo de sociedad que defiendes?
S–  Yo soy el único caricaturista en este país, el único, que ha sido consecuente y que no estuvo de paso por la caricatura, como Carlos Cruz Diez o Jacobo Borges, ahí me fui formando. Nosotros éramos portavoces de algo que no sabíamos qué era. Y que seguimos sin saber qué es.  Yo, ahorita, a mis noventa años, tengo mis dudas, si el capitalismo es mejor que el socialismo o viceversa. Ahora, yo te hago a ti una pregunta: ¿qué es mejor: el socialismo o el capitalismo, en tu concepto?
N– En mi concepto es mejor el socialismo.
S– En el mío también. Por eso te digo que... nosotros, permaneceremos eternamente con esa idea. Porque no nos ha sido impuesta. Cuando tú dices el socialismo, yo te adivino tu pasado inmediatamente. Todo el pasado, la humildad, todo lo que tú quieras. Yo no estoy metido, ni voy a estar nunca, metido en la derecha. Pero entiendo que es muy difícil renunciar a lo que se tuvo de cuna: los grandes emperadores romanos, los grandes “cacaos”, no quieren perder sus privilegios, olvídalo. Los Napoleón Bonaparte y los Simón Bolívar son muy pocos en la historia, a ellos les tocó vivir una transición. Tú te pones a ver bien la historia de Simón Bolívar, entonces, tú ves, los cambios, la mayoría obligado por un hado.
N– ¿El problema estaría en que Juan Bimbita o Petróleo Crudo defiendan los privilegios de Mister Oil? Hablo de tus personajes.
S–  ¡No!, ¿¡como te imaginas…!?
N–  ¿Se alimenta el humor de lo absurdo, Sancho?
S– La caricatura es un absurdo total. No parcial…
N–  ¿Socialismo y capitalismo son a tu modo de ver irreconciliables, Sancho?
S– El socialismo es mejor para nosotros, para los socialistas. Y el capitalismo es mejor para los capitalistas. Yo pienso que el problema está en que nos unieron, alguien nos unió, nos incorporó, y de allí surgieron los conflictos, que vienen desde la época de los Tupac Amaru, hasta ahora. Los europeos tenían una forma de pensar diferente a nosotros, los pueblos indígenas, hoy latinoamericanos, caribeños. El problema se origina aquí.
N– Siguiendo el hilo de las incertidumbres metódicas, Sancho: ¿qué opinión te merece un organismo como la Organización de Estados Americanos?
S– Es una farsa total…
N– ¿Y la Sociedad interamericana de Prensa que te dio el premio Mergenthaler?
S– También…Solo que entonces yo no lo sabía…

N– La duda metódica tuya de si es mejor el socialismo o el capitalismo está muy presente hoy día en nuestro país. Esa hipotesis puede constatarse escuchando conversaciones cotidianas en cualquier lugar de las ciudades, pueblos, comunidades, zonas rurales. A mi particularmente me parece un avance cultural tremendo que la duda exista, sea una discusión, un acertijo cotidiano, en otros lugares ese ya no es tema. Sin embargo, paradójicamente, ninguno de nuestros o nuestras caricaturistas ha captado esa inquietud, explotado esa duda intermedia, doctrinarios hay de lado y lado. ¿Por qué crees que ningún caricaturista de nuestra actualidad ha trabajado esa duda? ¿Qué está pasando Sancho, cada quién está demasiado en su esquina tratando de impartir o defender doctrina?

S– La caricatura tuvo su época.  Yo pienso que ya el caricaturista no tiene sentido, porque ahorita hay otros medios, lo último fue internet.
N– Ni siquiera marcando la línea editorial de un periódico: en La Mancheta?
S– Esa es otra cosa.
N– ¿Crees que el exceso de información posible desde un medio como internet se la ponga más difícil al caricaturista para poner a pensar con humor?
S– Mira, más allá de las cosas que tú haces para preservar, hay cosas que tú las haces inconscientemente, porque te lo está imponiendo la moda. Pero lo que no te impone la moda es el pensamiento, o sea, yo puedo tener un estilo: hago los muñecos más patones, más cuadrados, más largos, más... pero, el pensamiento… Mira, yo no creo que pueda haber, ni uno solo, en el mundo: un caricaturista de derecha.
N– Está bueno eso. ¿No puede haber un caricaturista de derecha, imposible?
S– Imposible. Para mí no es objetable…
N– ¿Y si es de izquierda no puede estar parcializado, ni ser doctrinario?
S– El caricaturista de izquierda lo es de naturaleza. Cómo te digo... el ejemplo es: no es lo mismo compartir lo que tienes, que lo que te sobra.  Osea, tú y yo, los dos, dependemos de un pedazo de pan. Decir, mira, te voy a dejar este pan para que no te mueras tú, es muy difícil.  Yo te lo voy quitar si no eres más fuerte. Si soy el más fuerte yo te voy quitar el pedazo de pan a ti, porque yo creo que soy más importante que tú. (Risas). O sea, si tú tienes un pedazo de pan, y tú sabes que con ese pedazo de pan vas a comer, y vas a vivir un día, y yo también tengo hambre, bueno, es difícil que tú me des de tu pan. ¡De tú pan! Si te sobrara sí.  Pero de tú pan, de tu propio pan, es difícil.
N– El primer escenario es la supervivencia.
S– Si. Quizás…
N– ¿Vale esto como un principio humorístico en la caricatura?
S–  No sé…Nunca me ha pasado…
N– Lo interesante es que un padre o una madre sea de izquierda o derecha ante una situación como la que expones prefiere que su hijo viva, le dan el pan. Lo otro esperanzador es que también ocurre esto muchas veces en situaciones límite, como los  desastres naturales, terremotos, incendios, inundaciones. Ahí muchas veces ves a un extraño que se sacrifica por una mujer o un niño.
S– No creo que seamos “egoístas por naturaleza “Así como esa madre deberían actuar todos los caricaturistas del mundo”.
N– ¿Un buen caricaturista debe jugar con sus incertidumbres? ¿Más que pontificando con certezas, mostrarse tratando de entender la realidad humana, económica, cultural, social y política del mundo?
S– No puedo hablar por los otros. Hablo solo por mí…
N–  ¿Cual es el estado actual de la caricatura, en Venezuela?
S– El estado actual es lamentable. Desapareció por completo. Es que yo no la veo por ninguna parte. Son pésimas, mediocres, porque no son objetivas. El hecho que yo te decía hace un rato, que los caricaturistas tienen una espiritualidad: ¡eso es verdad! Eso no es que tú eres un caricaturista malo o bueno porque tú quieres. Imagínate, ¿quién va a querer ser un caricaturista malo? ¿Quién quiere ser un cantante malo?: ! nadie! (Risas)
N– ¿Quiénes serían hoy La Patota Política, Sancho?
S– (Risas) La patota tuvo su época, pero es la misma de hoy ¡Y será la misma de mañana! ¿Me entiendes…?
N– ¿Crees que sería pertinente revivir la Patota Política. Una tercera temporada. Se vendería, Sancho?
S– Se vendería muy bien en ciertos círculos, pero no sería masiva. La Patota Política tuvo una trascendencia increíble. Ahora, ¿yo la veía así?: No. No la veía (Risas). ¿Por qué? Porque yo estaba ceñido a un esquema. Mira, te voy a leer algo de La Patota Política interpretada 50 años después: “Después que publiqué mi libro, “La Patota Política”, o las mafias de la cuarta República, me di cuenta de que las tiras habían salido un poco desordenadas, y no lograban transmitir lo que yo quería que transmitieran, que era, el despelote de la célebre política nacional de la llamada cuarta república: insustancial, estúpida y oportunista, en donde todos los políticos participantes claramente buscaban su propio beneficio personal, actuando como simples burócratas del sistema, de espaldas al pueblo venezolano que ya comenzaba a darse cuenta de la teatralidad de sus actuaciones”.Cuando comencé a dibujar mi Patota, no sabía a ciencia cierta cuál sería la estructura final de la historieta, ni cuáles serían sus protagonistas definitivos, y muchísimo menos, la filosofía de la misma, pues las tiras cómicas también tienen su filosofía.  No son como una vez me dijo un publicista amigo, que las tiras cómicas eran solamente unos muñequitos que se comunicaban entre sí mediante unos globos dibujados, rellenos de texto. ¡Y nada más le dije yo! Nada más, me respondió. Pero fíjate tú: yo no tenía idea clara de lo que sería La Patota Política, ni la importancia histórica que esta adquiriría en los años posteriores. Pensaba solamente en divertir a los lectores de mi periódico, narrando, mediante dibujitos, las peripecias de los protagonistas de la historieta que yo había concebido como un par de tontos, similares a Benitín y Eneas, la tira cómica más famosa de la época, o similares al también estilo de la pareja de cómicos cinematográficos norteamericanos, Laurel y Hardy,  Abot y Costello, y también por qué no, de los mexicanos Tin Tan y su carnal Marcelo. Así iban a ser Don Leoncio y Camburito, un par de payasitos haciendo tonterías para divertir al público, sólo eso, porque lo demás, eran especulaciones. Entonces fíjate: todos los grandes humoristas de la época lo que hacían era eso, pero no era porque no querían hacer otra cosa, sino porque no veíamos más allá, no veíamos más allá de la nariz. Si nosotros hubiéramos sabido por lo menos que eso era un instrumento, que la historia nos iba a recompensar con creces, a lo mejor, hubiéramos administrado mejor los hechos.
N– O a lo mejor te hubiesen crucificado.
S– Exactamente.
N– En el libro Todo Tiempo Pasado fue Peor, encontré una caricatura tuya en que haces referencia al tema de la guerrilla o lo que tú llamas la Revolución Popular de los años sesenta. Es una viñeta en la que dices, El problema de Caracas, cuando no había Luz, eran los aparecidos, ahora son los desaparecidos.
S– Habían caricaturas fuertes. Lo que pasa es que la gente no asociaba la caricatura con la realidad del país. Qué cosa. El Gobernante era inaccesible. Imagínate, yo me empujé cinco años de Gómez. Yo tenía cinco años cuando murió Gómez. Todo López Contreras, todo lo de Medina Angarita.
N– ¿Existió en la cuarta república algo como las guarimbas? Ver a parte de nuestra juventud llegar a niveles de desprecio y odio contra el adversario político al punto del fascismo, al punto de solicitar su aniquilación, su muerte, de llegar a quemar un ser humano en las calles por no compartir ideología política.
S– No, no es la primera vez que sucede. En la Patota Política yo recreo muchas veces ese cuento.
N– ¿La represión, Sancho?.
S– Mira, uno lo narra, y lo vivió, y no lo vivió. Porque nosotros estábamos obnubilados, es decir, había dos revoluciones, la literaria que era en la que participamos nosotros, y la popular. Yo la Popular no la viví. Vivía la literaria.
N– Te acercaste en esos años a la gente del “Techo de la Ballena”, por ejemplo.
S– Ni siquiera. Yo nunca fui del “Techo de la Ballena”, para que tú veas. Habían muchos escenarios, muchos, “El Techo de la Ballena” era uno. Pero en realidad, muchos de esos escenarios eran la propia pregunta de la Patota: vivíamos una farsa.
N– Tú caricatura ha tenido y tiene un carácter nacionalista y pedagógico,  razón que le impide ser pesimista. ¿Un buen caricaturista es un pensador de coyuntura, o un educador popular con mirada previsora de futuro?
S– Lo segundo. Debería ser eso.
N– Don Prudencio es la medula de un personaje tuyo con esas características. Simón Rodríguez, nuestro gran filosofo y maestro del Libertador, confiesa escribir para enseñar a pensar. ¿Enseñar a pensar es también una de las funciones del caricaturista?
S– Es su única función: pero es lo que te digo, uno actúa inconscientemente, espontánea pero inconscientemente, hablo por mí. Por eso yo vuelvo a la idea de la predestinación. Estamos hablando el mismo idioma. Y yo pienso, no sé porqué, cómo está tú tiempo.
N– Bien. Perfecto. Tengo mucho.
S– ¿Tienes tiempo?
N– Si.
S– Porque, yo pienso, creo que esto va a dar para varias entrevistas, porque primero y principal, eres una persona que va al fondo de las cosas. Cuando tú me hablas de El Pachano, cuando me hablas de Muerto a Gobernador, yo sé que me estás hablando con sinceridad, como si vivieras, o a lo mejor, viviste en esa época.
N– A lo mejor viví en esa época.
S– A lo mejor viviste en esa época.
N– Es muy probable.
S– Bueno, y por eso yo te digo que, ¡hay una espiritualidad en todo esto! Yo, como se dice, estoy casi seguro que eso es así.
Agradecemos las imagenes a Julieta Galindo, Directora Ejecutiva de Estudios Sancho C.A.





lunes, 1 de septiembre de 2014

Cartelera Comiquera

Saludos queridos, esta semana tenemos la suerte de tener varias actividades relacionadas al dibujo en el DF que valen ampliamente la pena. Les comparto la "cartelera comiquera" aquí:

 KILLOFFER EN PERSONA 

Miércoles 3 de septiembre a las 19 :30 hrs 

 

Este miércoles se inaugura una exposición en la Casa Francia,  del maestro Killoffer, quien visita a México para una residencia artística y la realización de unos talleres. No se lo pierdan!
  _______ ________________________ ________ 

Por otro lado, el viernes y sábado se presenta un documental que explora el oficio de dibujante en México, mediante varias entrevistas con reconocidos caricaturistas como Helio Flores y dibujantes de la talla de Luis Fernando, entre otros…
 

Documental del Dibujo:


FUNCIONES:
Viernes 5 de septiembre, 16:00 hrs. Lumiere Reforma 
Sábado 6 de septiembre, 20:30 hrs. Cinemex Insurgentes
Dirigida por Luis Fernando Lopez Flores.

lunes, 4 de agosto de 2014

CONVOCATORIA: Comic Sin Fronteras

Del 11 de Sept. Al 24 de Oct. De 2014 se realizará la XIV Muestra de Comic Sin Fronteras en Pereira, Colombia.

Es por esto que ellos nos invitan a mandar trabajos de Historieta, Caricatura, Humor Gráfico, Ilustración, Piezas Gráficas y Videos Animados tratando el tema del CAMPO, para conocer un poco más de sus problemáticas sociales, económicas y ambientales, que nos afectan a todos.

Historieta de Melecio Galván sobre el campo en México.

Temas  
-semillas transgénicas, cambio climático, desastres ambientales, sequías
-ahorro de agua y energía, producción de huertos sustentables
-así como el retorno al campo y autoconstrucción de viviendas ecológicas...


Enviar las obras a: semanadelcomicpereira@gmail.com en formato JPG a 300ppp con un mínimo de  300kb y un máximo de 3 Megas. Nombre del autor, país de procedencia, página web y Facebook.

CIERRE: Domingo 31 de Agosto de 2014. 

viernes, 20 de junio de 2014

El maestro Rius

La gente empieza por leer historietas, y después, si les va bien, pasan a leer los libros.
-Rius
Caricatura de Pepe Quintero.
Pocas personas han afectado más al ámbito de la caricatura política y la historieta que el maestro Eduardo del Rio, conocido simplemente como "Rius" (1934- ). En toda América Latina se le conoce por sus trabajos didactios y militantes, especialmente los libros de Cuba para Principiantes, Marx para Principiantes y Las Dictaduros: El Militarismo en América Latina. Desde el Chile de Allende a finales de los 60s, Hervi le pide permiso a Rius para usar sus personajes de Los Agachados, para la revista La Firme y la historieta "Los Chamullo: un barrio como el suyo". Rius accede sin pestañar, sumando asi el peso de sus personajes de humor a la primavera chilena. 
En México, Rius es el primero en abrir nuevos espacios para la caricatura de protesta, aprovechando la dirección del Mitote Ilustrado en la revista Sucesos, publica a caricaturistas brasileños que denuncian a su dictadura, incluyendo a  Claudius, Jaguar y Fortuna.

Heraldo de las causas del socialismo, el feminismo, el vegetarianismo y otras tantas, Rius lleva en su carrera más de 120 libros publicados. El maestro lo confiesa casi con un bostezo. Para ese ritmo de producción, se ha valido de un dibujo simple y directo, collage con grabados antiguos, y uno que otro dibujito "prestado"...
...descubrí que sobre todo en la historieta, la gente no se fija en los dibujos, 
sino en los textos. Tú ve a los chavitos leyendo, y veras que se fijan en los globitos,
 no se fijan en los dibujos, ¡se las echan voladas!

Tiene que ser un dibujo sencillo pero simpático, que sea humorístico. Eso 
lo logras a base de práctica, de buscarle las expresiones a los monos, de hacer 
buenos personajes, que tengan personalidad, y apoyarte en el dibujo lo mínimo: 
me considero monero nada más.

Seré muy mal dibujante, pero ha resultado. 

Autor intelectual de La Garrapata, revista pionera de humor mexicana y quizás la primera de dirección colectiva, su influencia entre los moneros mexicanos y las publicaciones de humor político es contundente. Posteriormente tuvo mano en El Chahuistle, y a la postre en El Chamuco.

En el humor mexicano, hay un antes y un después de Eduardo del Río. Durante toda la década de los 50s, el humor de prensa crítico era casi inexistente. El trabajo de Rius marca una ruptura con la generación anterior de dibujantes, quienes se identificaban mayormente apolíticos y críticos de costumbres. Debutando en la revista Ja-já en 1955, ha trabajado también en La Gallina con el humorista español Gila, en Sucesos, POLITICA, e incontables otras publicaciones. Implacable en sus convicciones políticas, tuvo que cambiar de publicación cada que soplaban los vientos de la censura, renuente a callarse y en pos de haber tomado la pluma y el humor como herramientas para la libertad de expresión...

A pesar de ser el monero mexicano más conocido del mundo, Rius es un cuate sencillo y accesible, bonachón y simpático. Del pueblo y para el pueblo, conocedor de la vida en monitos y la vida en general, ahora al cumplir sus 80 añitos le deseamos al maestro todo lo mejor... 


Próximamente se publicará la entrevista completa con Rius, aquí y en El Chamuco. 

lunes, 6 de mayo de 2013

Entrevista: Naranjo


¿Quién es? Rogelio Naranjo (1937- ) es un caricaturista mexicano que comienza a trabajar profesionalmente en los 50s, consolidando su estilo y su trabajo de caricatura editorial para volverse uno de los caricaturistas más importantes del mundo en los 70s. Durante el movimiento estudiantil del ´68, Naranjo milito en el partido comunista en sus inicios y además presto sus servicios de ilustración a diversos periódicos sindicales, así como al movimiento estudiantil. Miembro fundador de la revista de caricatura política La Garrapata, también ha publicado en medios como el suplemento de la revista Siempre!: La Cultura en México, en los periódicos El Gráfico, El Excélsior (en su mejor momento) y en El Universal. Actualmente también colabora para la revista Proceso. Considerado por algunos como el mejor caricaturista de México, ha sido premiado con el premio nacional de periodismo en 1977, “La Catrina” en 2008 por su trayectoria, y también como ganador del World Press Cartoon de 2009.

Previsto de una mirada aguda y un trazo envidiable, Naranjo retrata a la realidad con un sinfín de pequeñas rayitas, en composiciones que reivindican la caricatura política no solo como un gran oficio periodístico, sino como toda una arte.

Entrevistada realizada el  17 de febrero, 2013

*Se agradece a el Centro Cultural Universitario Tlatelolco  de la UNAM por su apoyo a la caricatura y también por amablemente prestar la mayoría de las imagenes de este post.
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Yo nunca consideraba que tenía un estilo. De repente estaba ya el estilo, pero después de mucho tiempo. Armar la muestra implicaba volver al pasado, donde yo empecé a dibujar, yo veía horrible mis dibujos. Es más, a la curadora le dije, ¡no pongas esos dibujos! Pero ella decía que era justamente una propuesta de la exposición para lo cual era importante que me conociesen desde el principio. Sobre todo los jóvenes dibujantes quieren saber cómo empecé yo. Ahí aparecen cosas donde yo ni siquiera tenía un estilo, no era reconocible por un tipo de dibujo como tenían los otros caricaturistas. Abarcaba mucho, porque hacia dibujos de historieta, siempre tocando temas muy candentes de la política, y señalando—delatando casi—a los políticos corruptos. Solo se fue haciendo una forma de dibujar, que no es precisamente “los monitos”.

H: En términos generales, ¿para ti que es la caricatura?

Primero, la caricatura es un oficio que a mí siempre me llamo la atención. Me pareció muy agradable escoger un oficio en que te vas contra todo lo que te parece que no es correcto y que además te paguen por eso. Fue una de las razones por las que escogí la caricatura. Nunca pensé que iba a ser caricaturista cuando empecé, porque estaba estudiando artes plásticas. Pero, me fue jalando la caricatura más y más y me olvide de las artes plásticas. Dije, no, esto no sirve para nada. Una caricatura la ven diario, si publicaba en un periódico, miles y miles de personas con las que yo me estoy comunicando. Además me pagan por eso! ¡Puedo vivir de eso! Me pareció muy bonito dedicarme a la caricatura.

En el ´68, todavía de repente quería hacer la una y la otra cosa. Pero, para el ´70 ya me dije, para que, me estoy haciendo tonto. La caricatura llega mucho más a la gente. Si lo que yo quiero es comunicarme, esto funciona mucho mejor.

H: En la exposición pude leer con bastante agrado Las Crónicas de Nanico Tatatilco, donde además del dibujo me llamo la atención la forma de hablar de los personajes…

Yo siempre tuve una pésima ortografía. Entonces, tenía terror a escribir algo y que me descubrieran, que era yo un ignorante en la ortografía. Nada más lo use en ese tiempo. Mi ortografía se fue mejorando con el uso de textos, posteriormente, ¡creo que hasta aprendí a redactar! Era necesario para muchas cosas. 

H: Me llama la atención particularmente ese trabajo por su cercanía a las fechas de Tlatelolco. Salió días después del 2 de octubre…

La Garrapata, con tapa de Helio Flores, 1965. 
En toda la ciudad había una tensión, un miedo, un terror… A Rius se lo cargaron cuando hicimos esa revista, La Garrapata, donde salía Nanico Tatatilco, ¡entonces le sacaron un sustote! Le hicieron lo que aquí llaman un simulacro de fusilamiento. Quedo espantado por mucho tiempo después. Le dijeron que se dedicara a otra cosa, que si no lo iban a matar, no solamente a él, sino a toda su familia. Le mostraron fotos  de su hija, su esposa y todo, los lugares que frecuentaban…

Lo pusimos a votación entre los que trabajábamos en la revista y ganamos los que queríamos seguir; además, pensábamos, “lo único que nos puede dar cierta seguridad, es que ellos tengan más miedo que nosotros”. ¡Entonces, vamos a denunciar! ¡A ponernos más bravos todavía! Y seguimos así…

Ahora, las revistas humorísticas cuando aparecen, vienen con todo una carga de humor interesante. Pero, con el tiempo, y con relativamente poco tiempo empieza a repetirse, a cansarse, para mí ya era de repente, a los 6-8meses, yo ya sentía eso como un peso agobiante, de estar entregando y entregando… Ya comenzaba incluso a perder el humor. 

H: ¿Será que hay algún valor en eso de desarrollar una mirada crítica, una perspectiva crecida desde afuera, llegando a la capital? Sé que Helio Flores es de Veracruz, pero, ¿todos ustedes eran de provincia?

Creo que AB era Veracruzano también...

Lo de Rius es muy chistoso, porque él tiene formación de cura. Él estuvo en el seminario y estuvo a punto de convertirse en cura. De repente—yo creo que lo pensó dos veces—y ya se dedicó a la caricatura, pero haciendo dibujos para una revista del Partido de Acción Nacional (PAN). El partido de la reacción, de la gente más conservadora. Ahí dibujaba el. De repente se fue politizando y politizando, y también duro mucho tiempo trabajando para el partido comunista, igual que yo.

Ya con las revistas que el hizo de los Agachados, Los Supermachos, se convertido en un gran caricaturista. No por el dibujo, sino un gran historietista, digamos humorístico.

H: Es cierto que en México  lleva mucho mayor reconocimiento la caricatura como forma de opinión…

¡Sí!

H: Siento que ahora se ha perdido un poco esa costumbre de reunirse para intercambiar ideas, para comentar trabajos. Ahí tu tenías un loco en frente dibujando el Hombre de Negro, al lado otro loco dibujando furiosamente sobre los cubanos con su humor, y además la ventaja de compartir publicaciones… ¿Dónde se reunía este equipo legendario?

En casa de Rius al principio. Finalmente, nosotros no éramos historietistas. Yo me improvise ahí como historietista, sin mucho éxito. AB era más del tipo de Rius, pero no era tan politizado. Pero muy simpático sus personajes y todo. Helio Flores era de una formación bastante más elitista. El estudio en Nueva York en una escuela de diseño, y mandaba sus dibujos aquí a un periódico grande que creo ahora ya desapareció… Rius se lo empezó a jalar para que colaborara en dónde Rius trabajaba, que generalmente le daban suplementos de alguna revista, para que hiciera humor. Me acuerdo de una, que le llamaba El Mitote Ilustrado, de la revista Sucesos. Yo también trabaje ahí. Rius era el más experimentado de todos, y además estaba asociado con un editor que ya había pasado por la cárcel, por sus ideas políticas, y no era fácil asustarlo a él. Ya conocía mucho. ¡Y se volvió rico! Haciendo las revistas de Rius y haciendo La Garrapata. Después el ya no quiso mayores problemas... yo me retire antes de que los demás lo hicieran, y después se empezaron a reunir con un escritor que los aglutinaba todos: un árabe que vivía aquí en México, Antonio Karam, y empezaron a hacer lo que sería la 2ª versión de La Garrapata, que también duro como un año, año y medio. Todavía hubo una 3ª época de la revista, donde también estuvo Helio Flores, y también se incorporaron unos más jovencitos, como Sergio Arau y varios más.

 Yo a eso ya no entre, ya trabajaba por otro lado y en otros lugares. Incluso al poco tiempo de salir de la revista me llamaron del periódico El Universal— que es un periódico de tiraje nacional—y desde entonces estoy ahí en ese periódico, con algunas salidas esporádicas, donde voy a trabajar a otro lado. A mí ya me intereso más el cartón político. He estado en todos los buenos periódicos: en El Universal, en una época muy buena del Excélsior, en la que se convirtió en un periódico muy combativo…

El director, Julio Scherer, que es una gente que tenía mucho prestigio, fue el que me llevo a trabajar ahí. Junto con Abel Quezada, el caricaturista, quien me recomendó. Propuso que entre los dos cubriésemos el espacio semanal del periódico. Abel que tenía mucha experiencia y mucho tiempo, siendo bastante más viejo, le dijo a Julio Scherer, “debes traerte a Rogelio, yo estoy muy cansado de hacer el dibujo a diario, y ya me cuesta mucho trabajo. Nos podemos repartir. El necesita foguearse un poco en el periodismo. Si te lo traes acá, todo mundo va a ganar: yo descanso un poco y me reparto con Naranjo, y entre los dos llenamos el espacio del  editorial gráfico”. Y, Julio Scherer, como era muy listo, aceptó.

H: Te quería preguntar justo de Monsiváis, como un amigo, como un referente, y también porque tu ilustraste muchos de sus libros. Creo que es muy difícil hacer una buena caricatura de un autor, a diferencia de un político que se comporta bien o mal y lo retratas de una forma o otra. Pero, si haces un autor como Arguedas, o al mismo Monsiváis… conviviendo con el en la revista Siempre!, ¿cómo fue compartir esa época?

Portada de Naranjo para el suplemento
La Cultura en México, de 1973.
¡Monsiváis era desde luego la confianza crítica del país! Muy confiable porque el, todo lo que de alguna manera estaba mal hecho o puede ser mal hecho, ¡él lo denunciaba! Como escritor, claro. Nos hicimos amigos, porque él estaba al pendiente de todo lo que hacía. Siempre me  llamaba y elogiaba mis dibujos. Cuando Echeverría  se lanzó para la presidencia, empezó a buscar entre los intelectuales a ver a cuales se iba a “jalar” para que le ayudaran en su campaña. Monsiváis lo vio eso como un peligro. O cooperas o después te atienes a las consecuencias. En ese momento le ofrecieron en una universidad de Inglaterra que se fuera como un profesor de literatura latinoamericana. Ni lo pensó, luego luego se fue. 

Cuando ya Echeverría era presidente, y se calmó un poco la calentura de la gente, el regreso y le ofrecieron el suplemento cultural de la revista Siempre!, que se llamó La Cultura en México. Me dijo que era el primero al que había llamado, para que colaborara yo con él. Me fui dando cuenta del tipo de dibujo que necesitaba y él quería, y trabaje 13 o 14 años con él, sin fallarle. Algunos dibujos muy complejos, algunos de escritores que de repente yo ni conocía. Arguedas, sí. Le entregue de muchos latinoamericanos importantes! Desde luego los mexicanos también. Él me decía que su intención era, así como David Levine hacia retratos de los escritores británicos o norteamericanos, con mucho éxito por cierto (se usaban en las portadas de los libros), quería que yo hiciese algo parecido, pero de los escritores latinoamericanos. ¡La cosa estaba en no caer en la copia de Levine! Por ahí me acuso Cuevas, el pintor, ¡que yo copiaba a Levine! ¡Nada más lo copio en el sentido de hacer una cabezota muy grande, con un cuerpo muy chiquito! ¡Eso se usa desde Daumier, desde mucho antes! ¡Casi desde las primeras caricaturas en el mundo! Hacer un retrato de un personaje y ponerle como un apéndice el cuerpo. Eso se empleó en todas partes del mundo. ¡No sé si alguien podría cobrar los derechos de autor de eso!


H: Justo algunos de tus dibujos más viejos, algo me recuerdan de otros dibujantes, como Abel Quezada o de Oski. Vi uno titulado “Typical Mexican Artist” del Gallo Ilustrado, que me hizo pensar. También había un humor gráfico muy blanco en esas épocas, quizás no tan politizado…

¡Era muy difícil entrar a una publicación y soltar toda la dinamita de una sola vez! Era una cosa de ir midiendo, que cosas se publicaban, que no les espantaba, y por ahí ir siguiendo. Desde luego, uno no inventa todas las cosas de una sola vez. La influencia que recibí de Rius, (aunque no en el dibujo), también me ayudó mucho. Aquí en México, supongo que en otros países es igual, algún caricaturista tiene éxito con algunas cosas, otros caricaturistas se fijan, y a su manera hacen  cosas que ya son exitosas. Abel Quezada invento El Tapado aquí en México. Todo mundo empezaba a usar El Tapado. Luego, hablaban de La Cargada de los políticos, que cuando se destapaba un político importante, luego luego se movían los demás políticos a conocerlo, y a ofrecerle sus servicios: a todo eso se le comenzó a poner nombre. Las cosas vienen desde mucho antes, con Posada. Posada con sus calaveras también lleno varias épocas de magníficos dibujos y muy buenas ideas. Todos nos hemos beneficiado de eso. No copiando en si el estilo de Posada, pero son formas que además nos dan una identidad como mexicanos. Para la política en México es muy importante lo que hemos hecho los caricaturistas. Se distingue en muchos lugares por el tipo de tema, por el dibujo… ¡las calaveras son toda una institución en México!

H: Son como arquetipos que funcionan en el humor. Tu usas a veces el Goliat y el David, con el calaverita o el indígena contra el gigante, que es muy impactante..

Eso la gente lo entiende muy bien en México, porque la polarización social y económica es muy grande. De hecho se está dando ya esa diferencia del fuerte, del económicamente poderoso y el que no tiene nada.

H: También pones en evidencia la tensión entre el campo y la ciudad…

Algo que me llama muchísimo la atención es la capacidad de invisibilizar que tiene nuestra sociedad. Pero, en los periódicos los caricaturistas traen atención a cuestiones, visibilizandolas. Como por ejemplo, con tu cartón “México creo en ti”…

Son imágenes que en si son como carteles de denuncia. Ese cuando lo hice, me acuerdo que era la idea hacer un cartel de denuncia. Había un cartel, que fue muy conocido, una especie de trabajador, una gente pobre, pero con unas cadenas en la boca, apretando la carne. Era de un grabador de arte, Adolfo Mesiac, ¡y fue una imagen que dio la vuelta al mundo! Era muy muy buena. La idea y el dibujo eran magníficos. No sé, también viajando yo me he dado cuenta, que en los países latinoamericanos manejan mucho ese tipo de cosas, pero en México es más claro ver las diferencias económicas, y ver estas reflejadas en los dibujos. En los dibujos hay una forma de hacerlo tan claro. De que se está viviendo en un país con una distancia enorme entre los ricos y los pobres. 
H: yo trato de entender él lo que sería la construcción de un contra discurso al poder. Por ejemplo, la dictadura brasileña tenía una frase, un lema “Brasil: Ame o deixe o”. O lo amas al Brasil o te vas. México que no tuvo dictadura,  pero uno aún no sabe si nos fue mejor o nos fue peor. Había un cierto optimismo en esa época, México se estaba imponiendo en el mundo, éramos los “líderes de América Latina”… pero siempre con la paradoja de quienes se enriquecen y quiénes no. Hay esas campañas del gobierno, propagandísticas, siempre optimistas, y por otro lado los caricaturistas…

…denunciando, diciendo que siempre es mentira. ¡Sí! Además, los que logramos saltar ciertas barreras, ¡ya hacemos lo que queremos! Hay muchos caricaturistas que nunca se atrevieron a decir las cosas, y entonces siguen haciendo chistecitos innocuos y sin ningún sentido, ¡y les pagan una miseria además! Yo tuve suerte. Después de La Garrapata, y un tiempo en que trabaje para el periódico del Partido Comunista (PC), después me pase para otro periódico de izquierda, el periódico del Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT), y ya empecé a notar que, de vez en cuando, me hacían alguna censura… pero ya casi no había censura para mí.

Eso me preguntan mucho los jóvenes de ahora, que quieren ser caricaturistas. ¿Cómo le hice para que se me publicaran determinadas cosas? Acostumbrando a las gentes que uno no va a conceder nada, me publican o no me publican. Yo siempre tenía tantos lugares donde publicar, que me pedían que me mandaran cosas, que cuando había un lugar donde me rechazaban algo, inmediatamente lo pasaba a otro lugar, y ahí me lo publicaban. ¡Siempre se publicaba todo!

H: También a veces la censura se da de formas menos directas, como presionando el medio donde trabajas… Como me contaba Rius, que en la época de La Garrapata, les amenazaban a la imprenta…

Tenían muchos “recursos” para hacernos cambiar, o amedrentarnos. En la secretaria de Gobernación controlaban todo lo que era la prensa, la buena y la mala. Todo lo controlaban. Cuando nosotros salimos con La Garrapata, en Gobernación daban una licitud para ciertas revistas o publicaciones. Podían negarlo, arguyendo que era “inmoral”, por tener desnudos o cosas así. Pero, el otro control que ellos tenían era la compañía papelera, que entregaba las dosis de papel que cada revista necesitaba. Cuando había un problema de que gobernación no quería que saliera determinada publicación, le cortaban rápido el papel. A nosotros por suerte, teníamos una persona que nos conseguía el papel en lo que llaman el mercado negro. Si el gobierno no aceptaba, se compraba el papel en otro lugar, más caro, ¡pero se conseguía!

H: Hablando más de aquellos movimientos de izquierda, me llamo mucho la atención que apoyaste el sindicato de las costureras.- Yo he buscado un poco esa tradición de los caricaturitas aliados a los sindicatos y las causas. En Brasil, Laerte y Henfil trabajaron para el sindicato de los metalúrgicos, del ABC. En Chile, Herví trabajaba para el gobierno de Allende, pero antes ya trabajaba para sindicatos mineros y demás. Y, hay unos dibujantes muy buenos que han tenido esa relación. Me sorprendió mucho ver en la exposición una muñeca, del ´85 o el ´86, sobre el terremoto, y no sé qué relación tuviste con ese sindicato de las costureras, o si has tenido otra relación con otros sindicatos también.

Pues hay sindicatos que son combativos... Yo siempre he trabajado con las publicaciones que tienen los sindicatos que son combativos. Empecé con un sindicato de electricistas, dirigido por un líder muy honesto, que se llamaba Rafael Galván. Ahí les empecé a hacer un dibujo para una revista semanal. Después, cuando se vino el problema del ´68, yo fui a buscar a la universidad, a cualquiera de los líderes que me pudiera recibir, para decirles que estaba a disposición de ellos, que yo quería dibujar para ellos. Lo que necesitarían, que me lo pidieran, o yo iba a ofrecer cosas de lo que se me ocurría para que lo utilizaran, gratuito. No estaba poniéndole precio a mi trabajo. Me acuerdo de un dirigente mediano, Romeo Gonzales, que estaba dirigiendo a los estudiantes de Ciencias Políticas. No te podemos pagar, me dijo. ¡Yo no vine a pedir dinero tampoco! ¡Soy un alborotador de conciencias, me gusta estar en estas cosas y lo hago gratis! 

Entonces, empecé a participar. Incluso, llevábamos yo y otras personas que simpatizábamos con el movimiento, nos llevábamos una cantidad de impresos: desde pegotes hasta carteles, que los podían usar. Era lo que ellos hablaban en sus mítines. Mi paga era excesiva cuando veía yo en las marchas, en Paseo de la Reforma, que iba un tropel de gente, y ¡todos con dibujos míos! Yo me paraba en las banquetas, o por donde pudiera ver… Después, en las revistas de política, salían las fotografías de multitudes llevando dibujos míos. ¡Eso a mí me daba un gusto!

H:Tu viajaste por América Latina, conociste a Ziraldo y a varios otros caricaturistas, hiciste un cartel de Pinochet que vi en Venezuela, con el canijo disparándole a las flores… ¿Cómo fueron tus viajes por América Latina?

Hice varios viajes, visitando diferentes países. Uno de los primeros fue Uruguay. Con los uruguayos que estaban exiliados en México, lleve un contacto muy estrecho. Fui cuando tuvieron que regresar, para participar en el plebiscito. ¡Son muy organizados! Vendieron todo lo que tenían, y a algunos hasta les alcanzo para comprar departamentos cuando llegaron, con la intención de quedarse allá. Obviamente, era una cosa tan bien organizada que ganaron el plebiscito.

De Uruguay me pase también a Argentina: quería conocer yo a Hermenegildo Sábat. Es una gente al cual le tengo mucha admiración como dibujante. Me parece esplendida su capacidad de dibujo. No es muy politizado su trabajo, aunque también en algún tiempo estaba contra las dictaduras. Ante todo lo que era militares le protestaba mucho.

Despues regrese, y luego fui tambien a Brasil. Conoci inicialmente nomas a Rio de Janeiro ¡y Iguazu! ¡Es una experiencia que hay que vivirla! ¡Esa cantidad de agua y esas cataratas!

Adónde voy, y sé que hay un artista que a mí me gusta mucho, a veces con pena y todo, voy y les pido un tiempecito, simplemente para platicar un rato y saber que lo conocí. 

Cuando conocí a Ziraldo, yo lo conocí en Cuba. Después en Brasil, ya sabiendo quien era Ziraldo y todo, fue Chico Caruso, de O Globo, que me dijo, “déjame hablarle a Ziraldo para que venga, para que platiques un rato con él”. Iba con mi esposa, y entonces, Ziraldo nos invitó a comer. Yo no iba a despreciar la invitación. Fuimos a un restaurancito y se puso a platicar y platicar y platicar. Es un personaje también típico brasileño, que habla y habla y hablar. Yo soy más bien reservado, callado… pero me gusta escuchar.

H: Esa imagen tuya tan conocida de ¡Me vale madres! ¿Cómo la explicarias para alguién de fuera?

Es a lo que tú no prestas ninguna atención, eso ¡Me vale madres! Algo en lo que no voy a perder mi tiempo. El mexicano, en general, es importamadrista. Calificar a alguien así es alguien con el que no puedes llegar a fondo en nada, no le sirve nada. Es un escéptico que no le interesa nada.

Esa imagen la hice para una exposición muy grande que se hizo en la universidad, que se llamaba El Mexicano y la Muerte. Sacaron cosas… algunas verdaderas joyas, dibujos del siglo XVII, XIX, donde el tema se refería mucho a la muerte. Sacaron cosas de Posada, y cosas ingeniosísimas de cómo combinar hechos con calaveras. Cuando se iba a hacer esa exposición, a mí me dijeron que iba ser nomas “El Mexicano y la Muerte”, y que si quería participar. Hice el dibujo, ese de ¡Me vale madres! Todo mexicano que ve ese dibujo lo entiende perfectamente, incluso los que ya viven en Estados Unidos. La forma de decirlo es una cosa despectiva, a mí eso no me interesa, ¡me vale! Fue tan exitoso eso, que lo primero que aparecieron fueron placas para coches, hechas en metal e impresas con colores firmes que decía ¡Me vale madres! Toda la gente buscaba donde las vendían, porque querían en su coche traer esas. De repente era una fiebre de ¡Me vale madres! en toda la ciudad. Después paso a las camisetas, y de las camisetas pasó a un montón de objetos: bolsas, brazaletes para las cosas calientes, mandiles, ¡y todo! ¡Todo robado!

Después de mucho tiempo, se me acerco un tipo despistado, que me pregunto cuanto le cobraría yo para que pudiera explotar eso. Le dije, pensando para adentro, “a ver si no se me escapa este”, ¿qué te parece $10,000 pesos? Muy bien! Me dio los 10mil, y empezó a sacar. Luego fue a buscarme a ver si no tenía otras cosas de ese tipo para usarlas. Se crio una especie de pequeña industria, muy popular, porque había lugares donde hacían impresos con ese sistema de serigrafía, entonces empezaron a hacer unas en serigrafía muy bien hechas. En el norte, en Ensenada, de repente había ya una fábrica de puras cosas de ¡Me vale madres! Yo en un momento vi que había en tantos lugares que se vendía eso, que decía, a ver si saco yo beneficio de esto por derechos de autor. Monsiváis me dijo, “¡ni sueñes! ¡Todo esto se volvió del acervo popular! Nadie te va pagar nada, porque ¡esto ya es de la gente, ya no te pertenece!” 

H: ¿Alguna vez tuviste un bloqueo, o alguna dificultad para sacar algún dibujo?

En varias ocasiones se dio, pero uno que si me trastorno mucho fue cuando me mandaron a hacer para la portada del suplemento cultural de Siempre! Que les hiciese un dibujo de Salvador Allende. Yo ya lo había hecho muchas veces, para asuntos políticos, desde luego relacionado con la dictadura en Chile, o las otras dictaduras que había en Argentina o Brasil. En esa ocasión, no sé porque, no me lo explico, no me salía el dibujo! Lo había yo dibujado a Salvador Allende, varias veces, muy parecido, sin ningún problema. Para la portada, empecé a dibujar y dibujar, ¡y no salía y no salía! (Risas). El que diseñaba ese suplemento era Vicente Rojo, un diseñador muy bueno, un pintor. Me decía: “No te angusties Rogelio, tomate más tiempo si necesitas, todavía tenemos un poquito de tiempo. Te vas a poner más nervioso y más nervioso y no va salir. Descansa hoy y mañana te pones a dibujar, a ver si sale”. ¡No salía y no salía! ¡Me parecía penoso! Yo decía “¡ni siquiera se parece!” Y así pasaron tres días. Ya cuando faltaba muy poquito, dije bueno, voy a escoger de los que ya he hecho, y saldrá el que se pueda.  Lo tuve que llevar directo a la imprenta, porque ya me estaban esperando. ¡Y así salió! (Pero de verdad que me daba vergüenza ese dibujo).

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No se pierdan la muestra
“Vivir En la Raya: El arte de Rogelio Naranjo”,
actualmente en Centro Cultural Universitario Tlatelolco.

La muestra Vivir en la Raya, armada en forma de caracol, es la mayor exposición jamás realizada de la obra del maestro Rogelio Naranjo. Muestra desde sus inicios, donde aún se le notaba en su dibujo el referente de Abel Quezada, pasando por La Garrapata, donde realizaba unas historietas bastante politizadas, además de su poco conocido trabajo de humor erótico, realizado a finales de los 60s, con un uso excepcional de acuarela.


"Yo regale a la Universidad 10,600 dibujos, que era todo lo que tenía. Ahora se sigue juntando. Ya tenemos un acuerdo, todo lo que se continúe acumulando, se los voy a dar. No quería que se quedaran por ahí en el periódico, luego los robaban, o los vendían, ¡bueno! Aguante eso durante muchos años, hasta que decidí que ya estoy viejo, no tengo donde guardar tantos dibujos, y bueno, se los voy a dar a la universidad. Hable con el rector y me contesto que tenía una muy buena disposición para tenerlos. La única condición era que promovieran el trabajo, para que lo conozcan los estudiantes.

El día de la inauguración en Tlatelolco (yo nunca me imaginé que pudiesen haber tantas gentes) había como unas 2mil personas, y tenían que controlar eso, porque andaban el rector y otras personalidades por ahí. De los que iban saliendo, dejaban entrar un mismo número. Pero va a durar bastante tiempo, así que espero que puedan visitar todos los que querían a la exposición ahora que este más calmado."


Curaduría: Angélica Abelleyra y Aurea Ruiz

Museografía: Juan Manuel Garibay y Fernando Castro


Horario al público: martes a domingo, de 10 a 18 horas

Costo: $30, 50% a estudiantes, trabajadores de la UNAM, INAPAM, ISSSTE, IMSS. Domingo entrada libre

Clausura: 28 de julio de 2013.



Juan Navarrete, con el maestro Rogelio Naranjo.